jueves 19 de noviembre de 2009

lunes 26 de octubre de 2009

Miradas actuales


lunes 19 de octubre de 2009

Farsa Kosat

martes 23 de junio de 2009

Vida diaria


Salí con el cartucho de la impresora en un bolsillo a las nueve de la mañana y llegué a la tienda. Intentaba comprender la respuesta que me dio el cajero de las recargas de tinta en un francés arcaico y lugareño cuando me di cuenta que probablemente había olvidado la clave de mi tarjeta, con la cual pensaba pagarle la recarga.
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Dudando metí la carta bancaria y marqué en el aparato, menos mal no me equivoqué. Esta tarjeta me la dio la semana pasada Ibrahim, un tipo del banco donde abrí mi cuenta en el centro de Montreal. Se trata de un funcionario alto y negro que tiene un muñeco del señor Papa mirando al cliente desde una esquina de su escritorio. Ibahim parece ser el típico ejemplo del hombre de color exitoso y de corbata como de película norteamericana. “Al principio aquí es duro, yo también soy inmigrante, de Haití” me dijo buscando solidaridad y después hizo una cara de hombre feliz como diciendo “ahora véame aquí”.
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Esta mañana mientras pagaba la tinta me acordé de ese tipo. Estaba apurado y regresé caminando del centro comercial a la casa una vez recargado el cartucho de la impresora.
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Con los ánimos para seguir trabajando me senté como a las diez en el sofá, tomé el portátil y continué en la redacción de cartas y hojas de vida. El secreto de esa actividad consiste en cambiar de sitio las frases, acomodar y hacer añadidos de acuerdo a cada objetivo que se tenga. El otro día se me fue el nombre de una persona y se la envié a otra, que pena.
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Aquí es común que las cartas de presentación se envíen por internet. Escribiéndolas a veces me distraigo y me dejo llevar por la creación literaria. Por ejemplo le escribí hoy a la directora del museo de arte contemporáneo e intenté aprovechar un buen tono que me vino en mente. Luego de la formalidad del saludo le expliqué:
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« Señora desde que llegué a Montreal (escrito en francés) he tenido como objetivo entrar en contacto con las personas más ilustres del medio artístico de la ciudad. Es así como es un honor para mí presentarle algunos de mis trabajos…” y allí le puse el enlace a las páginas de mis pinturas. Tuve la duda al poner que quería entrar en contacto con las personas “más importantes”, “mas celebres”, “más influyentes” pero finalmente pensé que “más ilustres” era la opción más adecuada que demostraría el grado de refinamiento cultural para este caso. ¿Sería así?
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Más tarde continué “Señora, deseo agradecerle de antemano por toda la información suplementaria, por toda recomendación que usted pudiera acordarme para el desarrollo de mi proyecto profesional en el Quebec...”
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Finalmente me despedí con un saludo cordial. Igual esta señora no creo que vaya a responder nada. Por más que le hiciera entender sutilmente mis largos estudios en arte y la genialidad de los proyectos absurdos en los que me he enbarcado, las posibilidades de una respuesta son una entre cien y alguna convocatoria a cita personal una entre diez millones.
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Bueno pero los pensamientos negativos están eliminados aquí. Hice la carta y se la envié solo para divertirme y de paso probar suerte. Lo que sí es posible es que al menos en la oficina de la dirección de uno de los museos más importantes de Norteamérica, la directora estuvo mirando hoy las pinturas de un tal Dimo Garcia.
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El caso es que después volví a escribir otras cartas más sensatas e intenté imprimir dos que pensé que tendrían futuro: una para la oficina de correos y otra para la alcaldía del barrio Westmount donde me estoy quedando.
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Luego de escribir en lengua francesa las misivas y releer mil veces paranoicamente las mismas en búsqueda del más mínimo error ortográfico, decidí imprimirlas.
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Y es allí cuando en general todo falla. El cartucho recargado horas antes con una inyección de vaca dejó de servir de nuevo. Tuve que recurrir entonces a otra impresora conectándola con dificultad y poniéndola en la mitad del cuarto porque la única toma libre estaba lejos. Finalmente luego de mucho estirar la paciencia logré la impresión, me hice un pan con mantequilla y salí de la casa comiéndomelo con la sensación de que no es nada bueno estar tanto tiempo sentado.
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Atravesé el parque y vi algunas ardillas. Luego mientras iba a dejar las cartas observé el pasto. Es el mismo pasto de Bogotá pero es diferente al césped francés, este último casi siempre más pálido y más lizo.
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Al llegar a la primera oficina me enteré que no estaban recibiendo hojas de vida. Se equivocó la persona que me había recomendado que dejara allí una carta de presentación. Caminé hasta la alcaldía a dejar la otra epístola y descubrí que la entidad era un castillo inglés. Lo malo es que estaba cerrado antes de las cinco.
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Que estrés pero bueno, todo está bajo control, repito: todo está bajo control. Es hora de cerrar la oficina y pasar a otra cosa. Voy a la biblioteca que queda a dos cuadras y saco un libro de cine de horror. Me pongo con el diccionario a traducirlo y anotar las palabras que no sé en ingles.

jueves 18 de junio de 2009

!Horror en la jungla!


(Capax)

domingo 14 de junio de 2009

martes 19 de mayo de 2009